Desde hace tiempo se ha sostenido la idea de que las mujeres nacemos con una cantidad preestablecida de óvulos y que la menopausia es un proceso genéticamente determinado. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren una perspectiva distinta. Un estudio publicado en 2025 en Scientific Reports revela cómo la ingesta de antioxidantes en la dieta podría influir en la edad de inicio de la menopausia. Este avance propone que la transición no es tan inmutable como se creía, abriendo nuevas vías para comprender y quizás modular este proceso biológico.
El estudio, que incluyó a 4.514 mujeres posmenopáusicas, examinó la capacidad antioxidante total de sus dietas, considerando la combinación de alimentos ricos en estos compuestos. La importancia de este enfoque radica en que el estrés oxidativo es resultado del equilibrio entre los radicales libres y la capacidad antioxidante del organismo, y no de un solo nutriente. Los resultados indicaron que las mujeres con una mayor carga antioxidante en su alimentación experimentaban una menopausia más tardía y una vida fértil más prolongada, con una reducción aproximada del 4% en el riesgo de menopausia temprana (antes de los 45 años). Es fundamental recordar que el mantenimiento de los óvulos depende en gran medida de la disponibilidad de antioxidantes.
Entre los antioxidantes estudiados, la vitamina C y los carotenoides mostraron una relación más sólida con una menopausia tardía, así como con la protección mitocondrial, la regulación de la inflamación y la defensa contra el daño oxidativo. Estos procesos son clave en el envejecimiento celular y la vulnerabilidad del tejido ovárico. Aunque se trata de un estudio observacional, sus hallazgos respaldan la hipótesis de que el estrés oxidativo podría ser un precursor de los cambios neuronales y hormonales asociados con la menopausia. Esto sugiere que la menopausia no solo marca el fin de la función reproductiva, sino que podría ser una adaptación biológica a un entorno interno más oxidativo y menos apto para la fertilidad.
Otro estudio de 2024, que analizó datos de más de 2.100 mujeres, complementa esta visión. Observó que el estrés oxidativo afecta negativamente el desarrollo folicular, la calidad de los óvulos y la receptividad endometrial. Este trabajo subraya la importancia de un patrón alimentario general, no solo de nutrientes específicos, para mejorar los resultados reproductivos y metabólicos. En resumen, estos descubrimientos sugieren que una buena nutrición podría retrasar la menopausia, mientras que la falta de nutrientes esenciales podría acelerarla. La menopausia se percibe así como parte de un envejecimiento metabólico y adaptativo más amplio, destinado a prolongar la vida de la mujer y su rol social, más allá de la reproducción.
Antes de considerar los antioxidantes dietéticos, es crucial entender que el cuerpo produce sus propios antioxidantes endógenos, como el glutatión, la superóxido dismutasa (SOD) y la catalasa. Sin embargo, con el tiempo, el estrés crónico, las deficiencias nutricionales y la sobrecarga metabólica pueden disminuir su producción y reciclaje. La genética y la epigenética influyen en cómo absorbemos y utilizamos estos nutrientes, y existen polimorfismos que pueden afectar el envejecimiento celular y el inicio de la menopausia. En este contexto, la dieta y el estilo de vida no reemplazan los antioxidantes endógenos, sino que los estimulan, mantienen o, por el contrario, los agotan. Las pruebas genéticas pueden ayudar a personalizar las recomendaciones nutricionales y la suplementación de antioxidantes.
Para fortalecer el eje antioxidante, la diversidad alimentaria es clave. Carotenoides como la astaxantina se encuentran en algas y pescados grasos, mientras que la luteína y zeaxantina están presentes en vegetales de hoja verde y yema de huevo. El licopeno abunda en el tomate cocinado, y los polifenoles se hallan en alimentos como el té matcha y el cacao puro. La vitamina C, presente en perejil, kiwi y frutos rojos, es vital para neutralizar radicales libres. Estimular los antioxidantes endógenos mediante alimentos como crucíferas, ajo y cebolla, y plantas como el cardo mariano, también es beneficioso. Minerales como el zinc y el selenio, presentes en mariscos, carnes, huevos y nueces, son esenciales para las enzimas antioxidantes. Además, el ejercicio moderado y regular estimula la producción de antioxidantes propios, y la gestión del estrés, a través de actividades como la respiración consciente o la escritura, protege contra el daño oxidativo. Un sueño adecuado es fundamental para la reparación celular y el control del estrés oxidativo, asegurando la capacidad antioxidante del organismo.