La tos en los más pequeños es una inquietud habitual para los padres. Ya sea que aparezca de forma esporádica o persista en el tiempo, siempre merece una observación cuidadosa. Es crucial evaluar su severidad, considerando la naturaleza de la tos, la presencia de mucosidad y el estado general del niño. Si no reviste peligro, existen métodos caseros para aliviarla. Expertos sugieren trucos clave para mitigar las molestias y mejorar el confort del niño, aunque siempre se recomienda consultar a un especialista si la tos es persistente o violenta.
Según la pediatra Mar López, la tos es un mecanismo natural de defensa del organismo, fundamental para la protección de las vías respiratorias. Su función es despejar el conducto aéreo de mucosidad, polvo y otras partículas, ofreciendo protección contra infecciones, contaminantes e irritantes. El resfriado común es la causa más frecuente de tos, que usualmente desaparece por sí sola en un período de una a tres semanas. Sin embargo, en un 10% de los casos, la tos puede prolongarse hasta 25 días. Si la tos persiste por más de cuatro semanas, se clasifica como tos crónica.
Se identifican cuatro categorías principales de tos. La tos "perruna" o "de foca" se caracteriza por un sonido similar a un ladrido y suele ser indicativa de laringitis, pudiendo acompañarse de un sonido agudo al inhalar (estridor) y afonía. La tos seca, por su parte, es suave, repetitiva y sin mucosidad, común en resfriados, neumonías atípicas o la tos nerviosa. Es importante consultar a un médico si se escuchan sibilancias, que podrían señalar bronquiolitis o bronquitis, o si la tos empeora por la noche o con el ejercicio, lo que podría sugerir asma. Si se acompaña de dolor muscular, fiebre o febrícula, debe descartarse una neumonía atípica.
La tos productiva es aquella con mucosidad, donde el niño expulsa secreciones al toser, típica de resfriados, bronquitis o neumonía. En estos casos, es beneficioso estimular la tos para ayudar a la eliminación del moco. Se debe buscar atención médica si la tos se acompaña de fiebre, malestar general, dificultad respiratoria o sibilancias. Finalmente, la tos paroxística se manifiesta con episodios intensos y repetitivos de tos, que pueden hacer que el niño se ponga rojo y le cueste recuperar el aliento, con una inspiración brusca y un sonido agudo característico. También puede ser causada por atragantamiento. En este tipo de tos, la consulta médica es indispensable.
Existen remedios naturales clave para manejar la tos. El humidificador, especialmente de aire frío y manteniendo la humedad por debajo del 55-60%, es útil para la congestión y laringitis, siempre y cuando se limpie regularmente para evitar ácaros y hongos. No se recomienda en niños con asma o alergias. La miel es otro remedio eficaz, especialmente para la tos nocturna si se administra antes de dormir, con una cucharadita cada 8 horas, nunca en menores de 12 meses. La cebolla es una opción tradicional, aunque su eficacia carece de respaldo científico. La leche, a pesar de la recomendación de la OMS, genera controversia en cuanto a su efectividad para aliviar la tos. Todos estos métodos son complementarios y no reemplazan la evaluación médica ante signos de alarma.
Respecto a los tratamientos médicos, la experta señala la dexametasona oral para la laringitis. En el caso de tos húmeda, se aconseja facilitar la expulsión del moco mediante la tos y realizar lavados nasales. Para la tos de origen asmático, se indica salbutamol y/o corticoides inhalados. Si hay una infección bacteriana, como neumonía o sinusitis, el tratamiento adecuado es el antibiótico. Un truco muy efectivo para calmar la tos en niños es ajustar su posición al dormir. Cuando los pequeños están acostados, la mucosidad puede gotear hacia la parte posterior de la garganta, provocando un cosquilleo y tos, fenómeno conocido como goteo nasal posterior, común durante un resfriado. Incorporar al niño puede detener la tos, pero debe hacerse correctamente. Para menores de dos años, se sugiere elevar el colchón con una almohada o toallas por debajo, o inclinar ligeramente la cuna, evitando almohadas directamente bajo la cabeza. A partir de los dos años, se puede usar una almohada, asegurándose de que el cuello no esté demasiado flexionado para evitar tensión en la columna. Lo ideal es elevar también el hombro del niño sobre la almohada, manteniendo la vía aérea despejada y el cuello menos flexionado, como si estuviera sobre una cuña, lo que reduce el goteo de moco hacia la parte posterior de la garganta.